por Profesor Sergio Daniel Laurenza

El Partido de La Matanza tiene una larga y rica historia, desde las tribus originarias que lo habitaron hasta el actual conglomerado urbano que lo convierten en una de las regiones más densamente pobladas del país.

Durante el período colonial llegaron a estas tierras los primeros españoles y criollos que se apropiaron de la tierra y comenzaron su explotación agropecuaria con el ganado primero, con la agricultura más tarde. De ese proceso surgen los nombres de las primeras familias propietarias, los Ramos Mejía, los Lago, los Madariaga, los Arguibel, y entre ellos los Ezcurra. 

La Familia Ezcurra será a lo largo del siglo XIX una de las principales propietarias de tierras del distrito llegando a poseer la totalidad de lo que hoy conocemos como Virrey del Pino y otras propiedades en González Catán y Rafael Castillo.

Muchos de los miembros de esta familia formaron parte de acontecimientos relacionados con la formación de nuestro país, comenzando con los acontecimientos de 1810 y la guerra de independencia posterior.

En la votación del primer gobierno patrio.

En aquella semana de mayo de 1810 los ánimos estaban cargados y la agitación recorría las calles. Los vecinos de la ciudad debatían acaloradamente sobre el futuro y la necesidad de convocar a un “Cabildo Abierto” ganaba terreno. 

Es así como el 22 de mayo se realiza la primera convocatoria y los debates. Entre los 250 invitados asistentes se encontraba Juan Ignacio Ezcurra Ayerza.

Juan Ignacio era un comerciante navarro que, entre otros títulos, ostentaba el de “ministro familiar del Santo Oficio”, siendo representante del tribunal inquisitorial de Lima en nuestro país. Casado con una criolla, Teodora de Arguibel y López de Osornio (prima de doña Agustina, madre de Juan Manuel de Rosas) se convierte en un reconocido comerciante que cómo representante de la “santa hermandad” obtiene asiento y voto en el cabildo abierto. Los debates son intensos y los bandos muy marcados.

La votación a favor de los patriotas será de 155 contra 69 de los partidarios de Cisneros. No sabemos cómo votó Juan Ignacio, podemos suponer que su cercanía con el obispo Lué y Riega y su cargo como representante de la inquisición lo llevaran a votar en contra de los intereses patriotas, pero también es cierto que a diferencia de otros miembros españoles de su familia, él, su esposa y sus nueve hijos permanecieron en Buenos Aires. Además, figura en el acta de convocatoria como “vecino y comerciante” y no por su cargo, eso nos hace pensar que quizás no quería ser identificado como partidario del Virrey. Sabemos también que contaba entre sus amigos a Pedro José Agrelo, quién en 1813 promoviera la desaparición de la inquisición en el Río de la Plata. Por otro lado, fue un hecho que la familia Ezcurra se dividió a causa de la revolución.

La revolución y el amor.

Juan Esteban Ezcurra era primo de Juan Ignacio y en 1803 contrajo matrimonio con María Josefa, la mayor de las hijas.

“Pepa” Ezcurra no pudo resistirse a ese matrimonio, las estrictas normas del patriarcado de aquella época se lo impedían, pero sí pudo evitar tener hijos de esa relación, y en 1810 cuando Juan Ezcurra decide volver a España por estar en contra de la Revolución de Mayo, Pepa pudo decir no y continuar en Buenos Aires, poderosas razones la mantenían aquí. 

Unos años antes, casi por casualidad, había conocido en la aduana a un joven abogado llamado Manuel Belgrano, con el cual mantuvo una secreta relación, porque su padre se oponía a ese matrimonio, pero la revolución traía tras de si vientos de libertad y María Josefa, liberada de su matrimonio decidió acompañar a Manuel en sus campañas militares y de esa relación nacieron dos hijos y una historia de amor que sobrevive en el tiempo.

Los años posteriores y las tierras

Juan Ignacio Ezcurra va a morir en 1832 y sus hijos heredaran sus propiedades. Entre ellas recordamos la de la calle Moreno 550 que queda en poder de Encarnación, esposa de Juan Manuel de Rosas. La casa de la calle Alsina 453, que queda en poder de María Josefa y algunas tierras lejanas que había adquirido su cuarto hijo José María Ezcurra.

Esas tierras se encontraban en el “Pago” conocido como “Matanzas”. Con el tiempo José María también adquirirá tierras de una de sus tías por parte de los Arguibel y allí construirá su primera estancia conocida como “La Elvira” y en 1852 comprará la que hasta ese momento era la estancia “San Martín” propiedad de Rosas que, exiliado en Inglaterra después de Caseros, necesitaba el dinero. 

José María Ezcurra Arguibel la volverá a llamar “Estancia El Pino” y hoy nosotros la conocemos como Museo Municipal Brigadier Juan Manuel de Rosas. Durante varias generaciones los Ezcurra han formado parte de la historia de La Matanza, varios de sus miembros fueron figuras públicas importantes tanto en la política cómo en la cultura, en el municipio y en el país, pero eso es otra historia.