Mg. María Inés Jorquera
Docente e Investigadora de la UNDAV
Formadora docente en el ISFDyT No 46

Cada año, cuando nos acercamos al 25 de Mayo, y a las célebres fechas que conmemoran la construcción de nuestro país, resurge nuestra memoria patriótica convocándonos a renovar prácticas culturales y costumbristas, generalmente ligadas al recetario culinario argentino, el cancionero y el folclore nacional. No obstante, el calendario de las efemérides nacionales también habilita memorias y recuerdos de la infancia o, más bien, de la infancia escolarizada. 

Sin lugar a dudas, las narrativas de la memoria patriótica escolar de todo niño y niña argentinos expresa recuerdos, donde en mañanas de hondo frío, la familia toda se preparaba con ansias para participar del acto convocado en la escuela del barrio a la cual concurrían sus hijos y los de sus vecinos. Damas antiguas, caballeros, soldados, mulatos sirvientes, vendedores ambulantes y casi nulas personificaciones de indígenas amanecían con trajes de época confeccionados por las costureras de sus familias o de la barriada, acompañados de maquillajes que pretendían remarcar las diversas etnias de la sociedad tardo colonial. Gran orgullo tenían las familias de aquellos niños y niñas que representaban a damas, caballeros y soldados, personajes principales que adulaban su pertenencia al grupo de los patriotas que llevaron a cabo el proceso revolucionario enfrentando con valentía a los partidarios del rey. 

En aquellas escenas de mañanas frías no podían faltar ni los bailes típicos y, aún menos, las comidas criollas como las empanadas, los pastelitos y demás delicatesen que conformaban la feria del plato escolar destinada a recaudar fondos para la cooperadora escolar o, en tiempos menos remotos, para competir y ganar el primer puesto reservado al mejor plato.   

Sin embargo, tras la añoranza de aquellos tiempos de encuentro patriótico en las escuelas pululan arcaicamente narrativas y prácticas históricas que se erigen aún fortalecidas bajo el paradigma romántico tradicional de la Historia. Grandes héroes, jerarquías sociales, división estratificada del trabajo y la producción, racismo, protagonismo patriarcal, caricaturización de ciertos personajes de época y, sobre todo, muchas ausencias eran los ejes de una realidad histórica naturalizada y erigida como mito de origen indiscutible desde el dominante púlpito de los discursos oficiales y escolares. Sí, mientras el paradigma romántico y oficial de la historia nos convocaba cada año, a todos y todas, para recrear la formación del Primer Gobierno Patrio en estas tierras, también se ultrajaba a la realidad histórica que hoy, bajo la triste casi ausencia de actos conmemorativos, nos brindan los estudios historiográficos disciplinares de la Historia profesional.     

Desde la vuelta de la democracia en nuestro país se han posibilitado y construido avances en materia de investigación científica de la Historia de nuestra nación. En las narrativas profesionales se han producido saberes que nos permiten conocer la profunda y comprometida participación y organización de los sectores trabajadores y populares en la Revolución de Mayo misma y en el periodo de guerras posterior, la organización política y miliciana del pueblo rioplatense tras la experiencia de las invasiones inglesas,  un proceso de mestizaje fuerte que atentaba contra la rígida organización de castas, el rol protagónico de las mujeres, la conformación de las ideas revolucionarias independentistas y verdaderamente libertadoras que contradicen los proyectos conservadores posteriores de país, la presencia y acciones de las naciones indígenas invisibilizadas y acalladas en los discursos tradicionales, la inteligibilidad sobre el concepto de revolución y la pertenencia de nuestra historia a un proceso mayor de Revoluciones independentistas latinoamericanas y caribeñas, o sea, un proceso histórico con fuerza continental e insular.

Como corolario, las narrativas sobre el 25 de Mayo de 1810 se han transformado gracias a la fuerza de la investigación histórica profesional y amateur. No obstante, ante nuevas narrativas ¿Se han transformado nuestras prácticas históricas en la escuela y en la sociedad argentina toda? ¿Cómo son nuestras prácticas patrióticas actuales? Los argentinos ¿Conocemos los nuevos discursos históricos? ¿Cómo podemos profundizar la divulgación y la difusión de las nuevas narrativas históricas para transformar nuestras prácticas patriotas y vencer a la historia oficial?

Sin lugar a dudas, la transformación de los procesos de enseñanza y aprendizaje está teniendo lugar mientras la escuela rompe con el aura sagrada que le han impuesto las fuerzas de la tradición. Mientras tanto, la divulgación histórica está tomando cuerpo gracias al trabajo arduo de instituciones académicas, de políticas públicas de historia y memoria y la organización y la labor obstinada de un conjunto de investigadores amateurs en los espacios territoriales y las organizaciones sociales. 

Se abre así una paradoja en torno a nuestra conmemoración de la patria que se halla sujetada, por un lado, a la añoranza de la experiencia escolar y sus rituales dirigidos por los discursos dominantes y, por otro, a la urgencia de transformar nuestras narrativas y practicas históricas desde un guion oficial hacia una historia crítica y consciente que convoque a nuevos encuentros escolares y ciudadanos.

Con firmeza podemos expresar que el camino de la historia critica se ha abierto en el contexto de construcción de nuestra democracia y, gracias a ello, la conciencia socio histórica en torno a la patria y la nación vive una transformación constante a partir de las preguntas que desde el presente le hacemos a nuestro pasado, pero, sobre todo, como resultado de nuestros proyectos de país hacia el futuro.  El gran propósito que se impone es, por tanto, ante cada víspera de nuestro 25 de Mayo, continuar construyendo una praxis crítica, con todos y entre todos, sobre el proceso de formación de nuestro país desde el pasado, en el presente y hacia el futuro.