"Miradas", dibujo a mano de Stella Maris Cabrera
por Adriana Fernández y Stella Maris Cabrera, con colaboración del alumno Edgardo Irigoytía.

ANTIGUAS Y NUEVAS PERCEPCIONES HACIA LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

Las percepciones y actitudes hacia las personas con discapacidad estuvieron sujetas
a interpretaciones culturales según el ámbito, los valores o las circunstancias del
momento y tiempo socio histórico. Las explicaciones que fueron surgiendo en la
sociedad evolucionaron con el paso del tiempo, desde las mítico religiosas hasta las
médicas. La ciencia, la burocracia o la religión tuvieron un papel importante en la
construcción de la discapacidad, generalmente presentada “como un yo roto,
imperfecto o incompleto, como un caso en el que es preciso intervenir y como objeto
de caridad.”

En distintas etapas de la Historia, no todos los humanos quisieron incluir a las
personas con discapacidad como parte integrante de la sociedad y se las excluyeron.
Durante muchos años el modelo que prevaleció fue el de la exclusión o prescindencia.
Las personas con discapacidad (PCD) fueron consideradas sólo en su condición de
objetos de intervención profesional y de investigación científica. Hubo excepciones,
ya que no todas las personas abandonaban o descuidaban a otras que tuvieran alguna
limitación física o intelectual sin importar lo difícil que pudiera ser, pero prevaleció por
mucho tiempo la idea de que la persona con discapacidad era la desviación de lo
“normal”; el diferente, con relación a una identidad normal. Se entendía lo normal
como lo esperado, lo que tiene que ver con un cuerpo ideal, apto y capaz, sano y
completo. “Así, dentro de nuestras sociedades los sujetos intentan estar más cerca de
ese parámetro de cuerpo ideal: un cuerpo flexible, un cuerpo productivo, un cuerpo
presuntamente independiente, un cuerpo esbelto, un cuerpo médicamente
considerado “normal” o “sano”, un cuerpo joven.”

Conceptualizar la discapacidad como desviación social o como falta o déficit, implica
asignarle una identidad y condición social devaluada, y se ejerce discriminación sobre las PCD cuando no se las considera sujetos de derechos y se les niega la participación
plena en todos los aspectos de la vida diaria.

La República Argentina adhiere a la Convención Internacional sobre los Derechos
de las Personas con Discapacidad y se aprueba a través de la ley 26.378 que
sancionó el Congreso en 2008, lo que ha supuesto importantes consecuencias para
las personas con discapacidad ya que por un lado les da “visibilidad” a este grupo
ciudadano y asume el modelo social de discapacidad, dentro del sistema de
protección de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En su preámbulo la
Convención establece que:

“La discapacidad es un concepto que evoluciona, y que resulta de la interacción entre
las personas con deficiencia y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan
la participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los
demás”.

La cuestión vinculada a las personas con discapacidad pasó de ser enfocada en la
“persona como portadora de alguna discapacidad”, a centrar el análisis en los
derechos de cada individuo que le corresponde como persona y ciudadano. El desafío
del “modelo social” del que se impregna el Tratado internacional del nuevo siglo se
expide sobre el qué hacer en términos de la dirección estratégica, pero el cómo
(formas, prioridades, tiempos, gasto público, etc.) dependerá de las condiciones de
cada sociedad.

 

Próximas entregas: 

  • Estadísticas sobre discapacidad en Argentina y en La Matanza
  • Escuelas de educación especial y centros de formación laboral