Adriana Fernández.
Stella Maris Cabrera.

Una de las efemérides importantes de nuestro país lo constituye el 25 de mayo. Un
momento clave que se fue gestando desde la primera década de 1800, cuando se comienza
a considerar en el pensamiento americano que lo proveniente de la metrópolis es extraño y
que muchas cosas están mal. Y, a partir de la invasión napoleónica a España se instala la
tensión entre los seguidores de prestar obediencia al virrey y los que quieren constituir una
junta que lo suplante. La Revolución es desde sus inicios, una transformación social que
desaloja del poder a los españoles para poner en su lugar a los criollos.

Distintos factores externos e internos culminarán en la Revolución. Las dificultades de la
Corona para continuar dominado en sus colonias, las ideas de los filósofos ilustrados que
llegan a América, y los de la Revolución Francesa, la Revolución Industrial y el movimiento
revolucionario de los colonos ingleses en Norteamérica, le otorgarán sentido al movimiento
revolucionario y la posterior lucha contra la dominación colonial. La mayoría de los
revolucionarios hispanoamericanos han recibido, traducido, leído y reelaborado a Rousseau,
Montesquieu, Voltaire, Quesnay, Adam Smith entre otros pensadores europeos del siglo
XVIII. La burguesía criolla ilustrada se apropia de esos textos, los traduce, y los recrea, hasta sentir que ya era el momento de actuar. Se imaginaron un escenario futuro, por ejemplo, que los hombres iluminados con las luces de la “diosa razón” podrán ordenar el mundo y avanzar a uno más próspero y justo; y que todo gobierno es temporal, cuestionable y reemplazable. La Revolución de Mayo no fue un evento repentino ni local, ni se hizo para crear una nueva nación, los sentimientos identitarios del Río de la Plata se vinculaban con los sucesos de Hispanoamérica. Por ejemplo, el movimiento revolucionario de Caracas se produjo un 19 de abril de 1810, un mes antes del suceso porteño. Lo ocurrido en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810 fue un episodio en ese proceso americano.

Los cabildantes de Buenos Aires reconocieron la autoridad de la Junta Revolucionaria y
formaron el Primer Gobierno Patrio el día 25 de Mayo de 1810.
Cornelio Saavedra, un oficial militar, comprendió la imposibilidad de mantener al virrey en la Junta que se formó el día el 24 de mayo. No le quedaba otra, había que formar una nueva Junta sin Cisneros. Además la presencia de la Legión Infernal presionaba a los miembros del Cabildo para que votasen en favor de la destitución del virrey. Los patriotas y a nombre del pueblo, presentaron la nueva lista con los 9 miembros de la Primera Junta y Saavedra sería el presidente.

Mariano Moreno, era traductor de las obras de los ilustrados que ya venían en francés
traducidas de las originales, y fue nombrado secretario de la junta sin esperar esa
designación, pero se convirtió en un personaje central. Desde su oratoria o desde las
páginas de la Gaceta de Buenos Aires explicaba todas las nociones políticas indispensables
para la tarea del nuevo gobierno, y para esclarecer a la opinión pública. Entre sus temas
centrales declaraba la necesidad de conservar la unidad en defensa del gobierno y utilizaba el concepto de “contrato social”, configuraba un nuevo sentido de ciudadanía, consagrado a
hábitos republicanos, laboriosidad, participación y patriotismo, y de entrega fiel a la influencia del movimiento revolucionario lo que significaba también “… que el poder del
gobierno hagan temblar a los que se atrevan a declarase enemigos”. Por su espíritu
cuestionador y revolucionario se enfrentó con Saavedra quien lo acusó de jacobino. Acusación que rompió la unidad política ideológica y la concordia que imperaba en la Junta.

Juan José Paso, fue secretario de la Junta del 25. E1 19 de mayo había exigido al virrey junto a otros patriotas la constitución de una Junta autónoma al modo de las de España, y que Buenos Aires como “la hermana mayor” debía constituir un gobierno provisional a nombre del rey. Manuel Alberti era el presbítero de la parroquia San Antonio de Bari, quien se prendió a los debates revolucionarios y aceptó ser vocal de la Junta. El brigadier Miguel de Azcuénaga, como vocal se caracteriza por el sentido ético en torno a la función pública.
Domingo Matheu, militar, director de una fábrica de armas y uniformes para el Ejército. De
origen catalán abrazó la causa patriótica y decía que Buenos Aires era su legítima patria.

Junto con Juan Larrea fueron dos integrantes extranjeros de la Primera Junta. Larrea era un comerciante exitoso con una fortuna ligada a la capacidad empresarial y estaba decidido a ofrecer sus conocimientos e inteligencia al servicio de la causa patriótica.

Manuel Belgrano, el general que lucharía en la Guerra de Independencia contra los realistas, fue abogado con dedicación a la economía política y periodista. Desde su función previa en el Consulado estuvo convencido que el crecimiento económico del país sería equitativo si el concepto de colonia era suplantado por el de patria libre. Luego de su renuncia al Consulado se unió a las reuniones secretas de los patriotas. En el Cabildo del 22 de Mayo votó por la supresión del mando del rey, y con determinación decía que “… si el virrey no ha sido derrocado, a fe de caballero, yo lo derribaré con mis armas”.

Juan José Castelli, como representante de una minoría ilustrada divulgaba las ideas de
renovación política y social por los pueblos del virreinato a través de sus escritos u oratoria.
Con argumentos filosóficos, jurídicos y políticos que utilizaba en su discurso del Cabildo del
22 de mayo justificaba el derecho del pueblo rioplatense a reasumir su soberanía. Pero su
oratoria no siempre fue comprendida. Cuando el 25 de mayo de 1811 Castelli organizó
festejos por la Efemérides, les habló a la Indiada del Alto Perú de derechos y medidas a favor de los indios, de las miserias del régimen colonial y de las bondades del revolucionario. Pero cuando esperaba como respuesta el grito de “Revolución”, los escuchó decir ¡Abarrante, Tatay! (Aguardiente, señor). Tanto indios como el paisanaje no entendían lo que les decía, estaban ajenos a las tesis jurídicas del cambio revolucionario. Con San Martín, Güemes, Padilla, Belgrano o Artigas, fue distinto, porque estos jefes militares supieron entender la idiosincrasia de esos norteños apegados a la tierra y a las tradiciones, y al entender la vida del gaucho y del indio, entonces, estos se integraron a las montoneras y al Ejército patriota.

Juan Larrea. Destacado en el campo de la economía y comerciante, proyectó junto a Manuel de Sarratea un Reglamento de Comercio. En ocasión de la deportación del virrey Cisneros se embarcó en el cutter inglés Dart, cuidando que el ex virrey y los miembros de la Audiencia que también viajaban sean entregados a las autoridades españolas de las Islas Canarias.

¿Y las mujeres participaron?

Las mujeres también participaron en la vida política, social y militar, aunque no era lo que de ellas se esperaba en una sociedad patriarcal a las que se las posicionaba a un segundo plano. La noción de vecinos era para unos pocos, un padre de familia con propiedad en la ciudad lo era. El derecho de vecindad era un estado social respetable. La campaña no estaba integrada políticamente a la ciudad, por eso, los habitantes del campo no podían elegir ni ser elegidos para integrar el Cabildo. Quedaban excluidos también los que estaban en relación de dependencia como los jornaleros, los domésticos y las mujeres.

Pero Juana Azurduy compartió con su esposo el liderazgo de una serie de poblados rurales que se levantaron contra el poder español. Ella peleó a la par de su compañero y aun sin él cuando fue muerto en batalla, y convocaba a sus huestes a otras mujeres cuyos nombres fueron ignorados por la Historia. Seguir a doña Juana era seguir la tierra, “la pachamama”. Era común homologar tierra y patria. Patria era la tierra y abandonarla era como abandonar a la madre.

Y hablar de Mariquita Sánchez de Thompson, es destacar las tertulias por dar un ejemplo. Como amante de la libertad y las novedades, ella realizaba reuniones donde no sólo se bailaba, se entonaba el himno nacional, o se comían pastelitos o se tomaba mate, eran también reuniones políticas y lugar donde se recaudaba fondos para sostener al ejército revolucionario. La casa de los Thompson se convirtió en uno de los centros de intercambio y discusión de ideas revolucionarias.

Guadalupe Cuenca, esposa de Mariano Moreno. Nunca fue informada de la muerte de su
esposo en altamar a quien le enviaba una serie de correspondencia entre marzo y julio de
1811. Son cartas de amor y desolación por la ausencia de su amado, pero además una fuente para reconstruir la disputa interna existente entre morenistas y saavedristas ante los debates en torno a qué tipo de gobierno constituir. En una de sus cartas le informaba que Saavedra se aseguraba en el mando.

En conclusión… El 25 de mayo se formó el Primer Gobierno Patrio. Como en toda revolución o movimiento de lucha, hubo mujeres y hombres, que de alguna u otra forma, dieron origen al nacimiento de nuestra patria. Defendieron sus convicciones, discutieron y propusieron ideas, y con aciertos y errores pensaron construir un nuevo orden que consideraban sería mejor, y todos por la libertad y la igualdad. Ideas que seguimos anhelando, ¡Viva la Patria!