por Leonardo A. Racedo
(leoracedo@yahoo.com.ar)

“He creído que el negocio a que se refiere el oficio de Ud. de 16 del corriente era concluido con él; por lo mismo no he contestado a Ud., sin que ocurra más en lo particular sino que Ud. es Alcalde en su territorio y yo en el mío”.

Con estas palabras, y así de directo, el Alcalde la Santa Hermandad de Morón don Manuel Torres se enteraba de que su par de La Matanza, Don Rafael Blanco, hacía caso omiso a las largas y suplicantes series de cartas donde se lo invitaba a él y a todos los feligreses de La Matanza a celebrar el 25 de mayo de 1813 en la plaza de Morón.   

Rafael Blanco era propietario de una chacra que había bautizado “Guadalupe” y donde desarrolló un verdadero establecimiento chacarero comparables con otros grandes terratenientes de la época, como por ejemplo Diego Casero.

El casco de la chacra “Guadalupe” se hallaba en las cercanías de las calles Terrero y Tres Cruces, donde en la actualidad se encuentra la ciudad de Rafael Castillo, y era un terreno de labranza de 1155 varas de frente por legua y media de fondo. 

El 1 de enero de 1813 don Blanco comenzó a desempeñar el cargo de Alcalde de la Santa Hermandad representando al partido de La Matanza. El 13 enero se presentó ante el Cabildo de Buenos Aires y prestó juramento. Al comienzo de su gestión se levantó el primer padrón de habitantes de la campaña y se estableció que el límite entre los dos partidos sería el camino de Burgos, que en la actualidad es la avenida Don Bosco. 

A partir de entonces, Rafael Blanco se rehusó a intervenir en cualquier causa judicial que se suscitara fuera de los límites de su partido, lo que llevó a que se ganase la desconfianza de su vecino Alcalde de Morón, quien no dejó pasar su falta de colaboración y lo denunció al Gobernador intendente, Antonio González Balcarce, lo acordado por el Cabildo:

“Desde la creación de dos Jueces de la Hermandad en este curato de Morón, el uno con el título de Alcalde de dicho Morón y el otro con el título de Alcalde de Matanza, para aliviarse mutuamente en la administración de Justicia y estar mejor servidos los ciudadanos, se ha mirado la jurisdicción como una en la comprensión de ambos distritos, Morón y Matanza, refundida así en dos sujetos, de modo que cada uno de los dos ha administrado Justicia indistintamente en dos distritos. Es verdad, Sr., que hará como ocho años poco más que se suscitó competencia entre los dos jueces de este Partido sobre el particular, pero habiendo ocurrido al Exmo. Cabildo, allí se acordó y decreto a favor de la integra jurisdicción en ambos distritos, en cada uno de los dos, como es voz común, y lo han observado todos los Jueces que se han seguido hasta hoy, sin exceptuarse el actual de La Matanza, Don Rafael Blanco…”

La disputa entre estos dos alcaldes se reanudó a causa de una alteración en las reglas del ceremonial cívico con motivo del 25 de mayo. Es bueno recordar que durante la Colonia, la plaza central de una ciudad, una villa o un pueblo era el lugar donde se celebraban las procesiones religiosas o se conmemoraba la coronación de un nuevo rey. Con toda naturalidad, los primeros gobiernos patrios la consideraron el sitio adecuado para festejar sus victorias militares o los aniversarios de la emancipación. 

En mayo de 1813, Manuel Torres se aprestó a celebrar el tercer aniversario de la Revolución de Mayo en la plaza de Morón, pero Blanco se negó a concurrir y convocó a los vecinos de La Matanza a hacerlo en el oratorio de la Virgen de Guadalupe, que se encontraba en su chacra.

El intercambio de correspondencia comenzó el 12 de mayo de 1813, cuando Torres invitó a  Blanco a conducir a los vecinos de su partido a la iglesia de Nuestra Señora del Buen Viaje, para que se uniera a los de Morón en la conmemoración:  

“He recibido un oficio del Sr. Gobernador Intendente, igual a que Ud. tendrá, para que se celebre el veinte y cinco de Mayo con la solemnidad posible, espero nos uniremos a llenar tan alto fin en esta Parroquia Cabeza del Partido”.

Pero el alcalde de La Matanza se mostró poco dispuesto a unírsele, y dos días más tarde le respondía:

“Tengo ya dadas todas las disposiciones para solemnizar las Fiestas Mayas en el Partido de mi cargo, y no dejaran de sentirse en esa Parroquia, cabeza en lo espiritual de ambos Partidos, los efectos de mi celo patriótico y de la uniformidad de los sentimientos de Ud. y míos por las glorias de la Patria; sintiendo haber recibido tan tarde las expresiones en su oficio de hoy, con la cual quizás se celebraría con más pompa” 

Hasta aquí, no pasaron de un intercambio cortes de misivas. Pero el Alcalde Torres no estaba dispuesto a cambiar de planes, tratándose de fiestas que debían ser solemnizadas con la mayor pompa, y así lo hizo saber el 16 de mayo a su par de La Matanza: 

“Siempre he mirado esta nueva Villa de Morón como capital del Partido, no sólo en lo espiritual sino también en lo civil, por la igual jurisdicción  de ambos en toda su comprensión según lo tengo entendido, y Ud. lo ha acreditado haciendo publicar las órdenes de la superioridad en este distrito, fijando órdenes en lugares públicos de esta Plaza sin mi consentimiento y anuencia, y comunicándome avisos de prisión de hombres que por pasar por su distrito a Vd. competen. Todo lo he llevado a bien por reputar refundida en cada uno de los dos la total obligación, y me ha sido muy sensible y extraña se separación cuando se trata de solemnizar las glorias de la Patria, los preparativos aún se habrán de comenzar, y me parece más justo y de ningún perjuicio se haga en esta Plaza, donde se llenaran mejor los fines de S.S.A. que intenta que hagan las fiestas en los Pueblos y de ningún modo en casas solas en los campos, de no ser esta su mente podría yo hacerlo con más comodidad en la Iglesia del Hospicio (de Merlo) inmediato a mi casa, y no lo hago por no ser cabeza donde se encuentra reunido el pueblo; tengo la satisfacción de haber cumplido con lo que me parece me toca para proceder con unión, Ud. contestara lo que guste para mi resguardo en cualquier tiempo” 

Si bien el Partido de La Matanza pertenecía al Curato de Morón, la mancomunidad de jurisdicciones era el objeto en discusión. Torres exigía a Blanco que se le uniera en los festejos; de no hacerlo, no solo le restaría concurrencia y pompa al acto cívico que se realizaría en la Plaza de Morón, sino que tampoco los vecinos matanceros asistirían a la función religiosa que se celebraría en la iglesia de Nuestra Señora del Buen Viaje, de la que eran feligreses.

El alcalde de La Matanza, obstinado en organizar sus propios festejos, esperó hasta el 22 de mayo para contestarle. Entonces le respondió como vimos de la forma tajante y firme aquella carta del 16 de mayo.

Así, de esta manera, fue como se sucedieron los hechos que dieron lugar a que aquel 25 de mayo de 1813 se festejara por primera vez en territorio del Partido de La Matanza nuestra fecha patria.